11 e Julio de 1999; sobre algunas discusiones respecto a la niñez en la actualidad:

 

SIN NADA PARA RECORDAR

 

Hace pocos días di una charla a niños de tercer grado compañeros de una sobrina mía.

 

Hablamos de muchas cosas, el objetivo era transmitirles interés en prestar atención a su maestra en las clases de todos los días.

 

Solo uno de los varones había construido con sus manos un arco y una flecha, levantó su mano tímidamente, como si fuera una transgresión a los códigos de “su gente”.

 

Todos habían dejado algún regalo sin abrir en su último cumpleaños.

 

Son alumnos de clase media baja de una pequeña escuela privada, tienen regulares paseos en Shoppings, expendios de comida chatarra, juegos electrónicos, etc. No tienen viajes a mas allá de Uruguay o Paraguay a la casa de un pariente.

 

Luego de los primeros quince minutos, el nivel de atención fue de términos casi absolutos con un alto grado de participación.

 

No hablamos de fútbol, ni de tiras animadas de actualidad, ni de juguetes, solo hablamos de cosas sencillas como el placer de disfrutar las cosas que hacen, las cosas que logran. De la diferencia entre disfrutar hacer tareas y pruebas perfectas y sacarse un diez.

 

Así llegamos a que disfrutaran lo que Neil Armstrong al pisar la Luna o Fangio al ganar un campeonato, ellos habían disfrutado principalmente el placer de lo que fueron capaces de hacer.

 

Luego de dos horas de charla, comprobé que ellos y cualquier niño puede prestar atención y disfrutar por ello.

 

Con mi niño de cinco años fuimos al cine, a un artificial centro de diversión. Luego de la película, nos dispusimos a comer nuestro sándwich y gaseosa en una mesa del Patio de Comidas. Como era de esperarse, nos solicitaron que nos retiráramos, porque las mesas son solo para los que consumen cosas del complejo.

A ese centro artificial de diversión, al igual que los juguetes sobrantes en los cumpleaños, lo olvidaremos pronto, tal como olvidamos el furor de los Supertoboganes en los ’70.

 

Las clásicas confiterías del pueblo en cualquier sitio, no las olvidaremos, son un hito en nuestras vidas y en nuestra cultura. El Coliseo de Roma es eterno. El Monumental o la Bombonera, serán obsoletos en una década.

 

Aquel arco y flecha, las cuatro ramas en el baldío simulando una casa; o para los mas grandes, la pelota de trapo, quedaron en EL PLACER DE LA MEMORIA, tal como todo lo hecho con nuestras manos.

 

Fui y soy hijo; soy padre. Adoro la juventud, el coraje de los desafíos por un mundo mejor. Solo del mensaje de la juventud han nacido los cambios de la humanidad.

 

Insatisfacción no es no poder viajar a Londres para el fin del milenio, ni no poder comprar una entrada para el mas importante partido de fútbol.

 

Insatisfacción es no haber sabido que con una rama, un hilo y una vara de cardo se hace un arco y flecha con las propias manos. Es no disfrutar hacerle las mil y una reformas al juguete preferido, sea el vestido de una muñeca o el auto de carrera a fricción.

 

Un publicista se jactó por televisión de haber cambiado el hábito de consuno de los adolescentes y jóvenes, logrando que la cerveza, que en 1976 era una bebida “de grasas”, en 1995 pasara a ser mas tomada que la Coca Cola.

 

Difícil es re - encauzar el camino abismal si nuestros dirigentes, funcionarios y empresarios son incapaces de viajar en colectivo, tren o subte al trabajo, a su casa o a otro pueblo.

 

NO TIENEN LA MENOR IDEA DE LA REALIDAD, SOLO LA VEN POR TELEVISION.

 

Como se le puede pedir a un maestro que aprenda a incentivar a sus pequeños alumnos.

 

Como se les puede exigir nada a esas pequeñas brillantes mentes. Como pedirles que nos presten atención si los grandes no le prestan atención ni a sí mismos.

 

Esta carta podría ser un pedido de socorro.

 

 

 

Jorge de Mendonça

Virrey del Pino

DNI 14.381.615