Esta CARTA Nro. 2, es parte
de los resultados y elementos de referencia que me llevaron a desarrollar una
propuesta denominada HORIZONTE 50, la cual trata sobre un elemento de la
Planificación Territorial para nuestro país para los próximos 30 años.
23 de Febrero de 1999
HORIZONTE 50 – CARTA Nro. 2
“El Costo del Desierto”
Cuando un Argentino, por necesidad, debe decidir
mudarse del pueblo o pequeña Ciudad a las grandes urbes, pierde él por su
desarraigo forzado y el Sistema por mantener una comunidad alejada con una
persona menos, es decir, con un mayor costo per
cápita.
Alguna vez escuché la pregunta ¿Y cuál es el
beneficio económico de que esas comunidades alejadas y pequeñas existan? ¿No
sería mejor que desaparecieran?
Marco Polo, Alejandro Magno, Colón, Neil Amstrong, o
los Vikingos hubieran desenvainado lo que tuvieran a mano para contestar esa
pregunta. Sus vidas se sienten ridículas si sus conquistas se limitan a una
respuesta de “macroeconometría” de escritorio barato.
Hay quienes mueren por un metro cuadrado de desierto
donde sembrar una frutilla o una rosa, y nosotros nos damos el lujo de abandonar
la tierra apenas conquistada. Hay pueblos con apenas 70 años de
existencia que han quedado con el 30% de los habitantes que poseían en 1960.
El propio Estado, en la serie de independientes “Los
Siete Pecados Capitales” por ATC, en 1980, hizo una apología de la desertización del
territorio. En la obra dedicada a “La Pereza”, aduce que los habitantes
de un pueblo son los culpables de su propia situación y no el Ferrocarril que
están clausurando ni los caminos que son de tierra. La protagonista les dijo “...no
se quejen de que el tren se va, ustedes son los culpables por no irse de este
lugar...”
El 66% de nuestro territorio tiene menos de 2
habitantes por kilómetro cuadrado. Solo están habitadas las regiones
coincidentes con los caminos de la Colonización, el resto poco ha cambiado.
En 1977 “festejamos” los cien años de la Campaña al
Desierto. Quizá, el hecho histórico que nos diferencia grandemente de EE.UU.:
En las campañas al desierto de los “Americanos”, los colonos de las Caravanas
se iban constituyendo en propietarios de las tierras conquistadas con la ayuda
del ejército. No fue nuestro caso.
El territorio se dejó de conquistar en la década del
’30, junto con la última enrieladura
colocada en algún ramal ferroviario.
El ferrocarril fue construido sobre la traza de los
conquistadores de los Siglos XV y XVI. Sus ramales diseminados sin
planificación territorial alguna, fueron los alimentadores de esas grandes
troncales y generadores de más de 1200 pueblos nuevos y 2000 caseríos.
La retirada del ferrocarril en un 60% de sus
ramales, no fue suplida con los correspondientes 34.000 kilómetros de rutas de
acceso y enlace.
Desde que tengo uso de razón, solo escuché sobre las
pérdidas que le ocasiona al Estado y a las empresas de servicios la existencia
de estos pequeños y medianos poblados.
En el mundo existen miles de tecnologías para
proveer a estos poblados y caseríos con servicios de todo tipo. Hay todo un
sistema de marketing destinado a ese objetivo comercial.
Si nuestro país consume menos del 1% del volumen de
productos tecnológicos para esos usos y el resto del mundo se lleva el restante
99%, no será que en vez de seguir trazando autopistas con los impuestos del
“interior” deberíamos trazar caminos e instalar tecnologías para ese 66% de
desierto que tenemos por país?
Llegó la hora de atender nuestro territorio,
acompañar a nuestros coterráneos y no alimentar más la obscenidad de un
territorio desértico mientras la mitad de la humanidad lucha y muere por un
metro cuadrado de tundra o arena.
Jorge de Mendonça
Virrey del Pino
DNI 14.381.615