Querido Doctor

 

Hay muchas maneras de gritar, pero infinitas formas de no escuchar, y en eso se han entrenado muchos dirigentes y ciudadanos de nuestra América Latina.

 

Sentirse mendigo cuando uno lleva consigo los más nobles objetivos para la Sociedad, no es indigno, pero es trágico, pues es seguro que pronto dirán que uno está loco, que sueña cosas buenas, que tiene buenas ideas, pero que es un soñador y “no es momento ahora para esas cosas” porque la realidad de todos los días es lo importante.

 

Hablarán del sistema de Salud, pero el cachetazo aleccionador que usted, Maestro, ha dado es en sentido amplio, es a una Sociedad sorda que fagocita a sus mejores hijos.

 

Que está loco por hacer cosas gratis; que tiene muy buenas ideas y tiene razón, pero la realidad va en un sentido que no permite hacer esas cosas, etc, etc, etc.

 

Muchos lo comprendemos, sé que tantos como usted piensa. Porque son muchas las personas que creen en algo distinto. Muchos comprendemos ese último y desolado grito. Salvando las dimensiones, somos muchos los que hemos vivido situaciones gritando en el desierto.

 

Sordos. No hipoacúsicos. Son los oídos y las mentes de muchas personas cuando se sientan en las sillas del “Poder”. Rápidamente lo llaman para que sea su asesor honorario o para que lo atienda gratuitamente en su Fundación cuando un mal les aqueja.

 

Le prometen y le colocan mas de una placa recordatoria, pero son incapaces de luchar junto a usted o pagarle por ello.

 

No aposté mis sueños en este país, me propuse hacerlos para MI PAIS, es mi frase, y creo que es la suya. Es tentador aceptar cursos, becas y otras yerbas en esos países “avanzados”, donde además de los premios y reconocimientos nos pagarán por ello, pero hay un detalle: Los sueños que usted TIENE son para aquí y no para allá.

 

Golpear puertas; pedir entrevistas; ser atendido por el barrendero... Algo común en la vida de un argentino que sueña con un futuro POSIBLE.

 

“Que el Ministro no puede sentarse mas de 20 minutos para esas cosas...; que una carilla es un libro...; que hay que ser concreto...; QUE ESO ES MUY BUENO PERO ES COSA DE TÉCNICOS...”

 

¿Que cuernos se creen que es ser TÉCNICO O SER POLÍTICO? Esa es la marca de la bala 357. Es la frase que la resume.

 

La Política de esos señores con poco tiempo, es solo política. Con minúsculas.

 

Que el Doctor es muy bueno, pero no es para este momento lo que propone, y lo que pide no es posible, pero... quédese tranquilo que no va a pasar nada...

 

¿Cómo se le explica eso a un paciente o a un enfermero? ¿Cómo se le explica eso al almacenero o al banco, cuando uno cambió la vida de toda una Comunidad o ahorró varios millones de pesos con una idea?

 

¿Cómo se le explica a un hijo que todas las felicitaciones que su padre recibe no sirven para llevarlo al cine y pagar la entrada?

 

¿Cómo se explica uno mismo cuando le dicen que sus ideas son muy buenas pero que no es el momento?

 

Entonces, mi querido Doctor, no hay duda que uno debe ser un idiota, pues o es uno el imbécil o son ellos unos verdaderos cínicos y creen ser los que verdaderamente manejan las situaciones...

 

“¿18.000.000 de pesos?, pero Doctor, el país está en apuros...”

 

La pregunta es sencilla: ¿Acaso no son esos señores apurados sin tiempo para la reflexión los que hicieron y mantienen esta situación sobre NUESTRO PAIS?

 

Ojo Doctor, usted, muchos y yo sabemos que no es solo el que ostenta un alto cargo en el Estado o en las Empresas el que actúa así, esa forma de actuar, ya es un DEPORTE NACIONAL.

 

Me intentaron inculcar que “...una carilla, un libro...”, decía Napoleón. El detalle es que Napoleón perdió.

 

Su bala está en la conciencia de cada funcionario, empresario, dirigente o cínico que ostenta un cargo supuestamente poderoso, y en el Corazón de cada Argentino que no quiere entender que debemos ir a las cosas, porque nadie lo hará por nosotros.

 

En aquel regreso de Estados Unidos, usted vino a concretar varios sueños. Los hizo.

 

Nos dejó un cachetazo dignísimo. Una herramienta poderosa y noble.

 

Una de las balas más caras para la Argentina: La del Honor. Y esta 357 está cotizada por el valor de su vida: La de un hombre HONRADO.

 

Lamento que nunca se me ocurrió ir a visitarlo, pero esa tarde de sábado usted nos dejó mucho a muchos. Porque usted no claudicó, nos dejó  SUS FUERZAS para seguir con el sueño de una ARGENTINA POSIBLE.

 

Al Doctor Favaloro, con el respeto y afecto de un simple Ciudadano.

 

Virrey del Pino, Agosto 6 de 2000

 

 

Jorge de Mendonça

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